En el articulo sobre la autoestima positiva, hablábamos de la importancia de quererse uno mismo, y así de esa manera poder dar lo mejor de nosotros a los demás.

Somos únicos, no hace falta forzarlo

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Pero como prácticamente todo en esta vida, se ha de realizar con moderación, ya que si nos pasamos con la auto adulación podemos caer en la autocomplaciencia.

Cuando esto pasa, podemos llegar a forzar nuestra personalidad para ser únicos o especiales. Disftrutando de ser considerados una especie de bicho raro o la oveja negra de la familia.

Para ello, no hacemos ni decimos cosas corrientes, sino que todo lo que no sea lo habitual o corriente, pasa a ser lo prioritario.

Todo el mundo ya es especial de por si, todos somos únicos y diferentes, sin la necesidad de hacer o decir nada.

Al ser un comportamiento forzado y no natural, no nos conformamos con sentirnos especiales, sino que necesitamos hacérselo ver a los demás, esperando recibir la atención por parte de ellos.

Por ello, nos encanta ser el centro de atención en todas las situaciones y conversaciones, siendo esas personas que sobre cualquier tema, siempre desvían la conversación hacia sus experiencias.

Hacer notar lo especial que somos

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A este tipo de personas  les encanta ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro.

Cuando las cosas no ocurren y notan que los demás no los consideran especiales, entran en el dramatismo, incluso son muy propensos a caer en depresión.

Se sienten incomprendidos, y son una montaña rusa emocional, pasando de la euforia a la tristeza más absoluta.

Con el afán de sentirse el más especial y único, viven en comparándose constantemente con los demás.

Ocasionando un complejo de inferioridad, ya que siempre hay alguien más alto, fuerte, listo y en este caso especial.

Como decía anteriormente, todos y cada uno de nosotros somos únicos. El problema es que la mayoría no somos conscientes del potencial increíble que albergamos en nuestro interior.

Desde el sistema educativo, hasta nuestros padres, el primero de manera consciente y los segundos, de manera inconsciente, coartan la posibilidad de dar lo mejor, y desarrollar el potencial con el que venimos a la vida.