Después de hablar de los padres y los hijos, 2 de los 3 grandes maestros, que nos pone la vida delante para evolucionar y llegar a expresar nuestro verdadero yo, vamos a poner negro sobre blanco sobre el tercero en discordia, la pareja.

La cultura de la media naranja

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La sociedad, infectada por el virus del victimismo y la idea de responsabilizar a los demás de nuestra felicidad, nos ha inculcado la creencia que para ser feliz, necesitamos encontrar a la persona que nos acabe de completar y sin la cual no podremos ser plenos.

La industria cinematográfica, la musical y la televisiva, está repleta de películas, canciones y programas, donde se potencia la percepción de que, una ruptura sentimental y la perdida de esa mitad que nos hacía un ser completo, es un desgracia terrible.

Como ejemplo un botón, la canción de Amaral “Sin ti no soy nada”, más claro no lo puede decir,  en uno de sus versos dice literalmente, “Mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirve de nada”, claro que si! Como ya no estoy con la persona que me hacía feliz, mi vida será un infierno.

Tu felicidad no depende de tu pareja

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Acostumbrados a delegar en los demás la responsabilidad de hacernos felices, no podía ser menos en el caso de la persona que supuestamente va a compartir el resto de nuestra vida con nosotros.

Cuando buscamos a nuestra media naranja, de manera implícita, estamos afirmando que no somos personas completas y que por nosotros mismos, no podemos llegar al objetivo de llevar una vida plena y feliz.

Solo hay que ver, como juzga la sociedad a las personas, que toman la decisión de vivir sin pareja, que destino más infeliz que les espera, acompañados de sus gatos.

El problema de delegar en nuestra pareja, la responsabilidad de hacernos felices, es que más tarde o más temprano nos decepcionarán, y entonces pasarán a ser los causantes de nuestro sufrimiento. Con esta mentalidad, del amor al odio solo hay un paso.

Cuando delegamos en el otro la tarea titánica de hacernos felices, estamos poniendo fecha de caducidad a nuestra relación, porque como nadie es perfecto, siempre nos fallaremos y si eso te causa infelicidad, poco a poco se va deteriorando la relación.

Somos naranjas completas

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Para ayudar a que la relación con nuestra pareja, sea más sana y fructífera, hemos de hacernos cargo de nuestra propia felicidad y querernos más a nosotros mismos.

Como dice la coach y periodista Irene Orce,

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Hemos de acabar con el concepto de buscar a una media naranja que nos complete, por buscar otra naranja completa como nosotros que nos complemente y juntos podamos hacer un zumo maravilloso.

Liberar a nuestras parejas de la pesada carga de hacernos felices, supone responsabilizarnos a nosotros mismo de esta tarea, y de esa manera no juzgar sus actitudes bajo el prisma de que lo que hacen, lo hacen para buscar la felicidad o el sufrimiento en nosotros.

Bajo esta nueva perspectiva, no se produce magia y la relación se vuelve perfecta, ni mucho menos, pero lo que si se produce es una relativización de los problemas, porque como he comentado antes, nadie es perfecto y las equivocaciones y los problemas seguirán apareciendo.

Pero tendremos la capacidad de analizarlos e intentar aprender de ellos, ya que no los veremos con las gafas de que, las situaciones que se producen, son para hacernos felices o hacernos sufrir.