Cuando empecé a pensar sobre la publicación relacionada con, como los padres tratamos de educar a nuestros hijos, y la manera en la que podemos llegar a condicionarles, me vino a la cabeza una estrofa de una canción de Joan Manuel Serrat, Esos locos bajitos, y que dice así:

Niño,

deja ya de joder con la pelota

Niño,

eso no se hace

eso no se dice

eso no se toca

esta cantinela tan utilizada y recurrente para los padres de la generación de la que formo parte y que en su época, debido a la falta de información y al desconocimiento, parecía la única manera de poner límites a los niños.

Una vez escuchada entera la canción, me fascinó la inmensa fuente de sabiduría, muy adelantada a la época que era. Recordaros que la canción es original del año 1981.

Como muestra del nivel de mentalidad avanzada, del tema del gran cantautor os dejo una estrofa, que parece sacada de un libro de educación consciente:

Nos empeñamos en dirigir sus vidas

sin saber el oficio y sin vocación.

Les vamos transmitiendo nuestras frustaciones

con la leche templada

y en cada canción

Los niños, en su inocencia, entendiendo esa inocencia como la ausencia de condicionamientos por parte de los padres, son u na fuente inagotable de imaginación y sabiduría, la de veces que mis hijos de 4 y casi 6 años, me sorprende con razonamientos propios de alguien evolucionado espiritualmente.

Los padres, siempre con la mejor de las intenciones pero basadas la mayor parte de las veces en creencias limitantes adquiridas por sus propios padres y por la sociedad en la que viven, moldean a sus hijos de la manera “correcta”.

Los padres están dispuestos a hacer cualquier cosa por sus hijos, excepto dejarles ser quien realmente son Clic para tuitear

Evidentemente que nuestros hijos a edades tempranas, necesitan límites, pero no limitarle todo lo que hagan y menos porque gracias a esos límites nos haga a los padres la vida más cómoda.

Si se va a subir a la barandilla de un balcón, habrá que explicarle que eso puede causarle un daño irreparable y bajarlo de ahí, pero si a tu hijo le da por subirse a un bordillo de 50 cm de alto, le tendremos que advertir que puede hacerse daño, pero nada más.

Y que conste que hablo por experiencia propia, como os dije en la publicación sobre la paternidad, tengo 2 terremotos por hijos, y o hacemos caso al consejo que nos dio nuestro pediatra, y veces no volvemos ciegos y sordos, o nos volveremos locos intentando poner límites para todo.

De igual manera que para que aprendan a ir en bicicleta, la única manera es darle libertad, sabiendo que pueden caerse, la gran mayoría de aprendizajes han de aprender de los errores, y si no está en peligro su vida o la de otros, hemos de dejarlos.

Severidad o permisividad

En la actualidad muchos padres, continuamos educando a nuestro hijos a través de la severidad, muchos de ellos hijos de esa generación de padres donde el ordeno y  mando era la única posibilidad de poner límites a sus hijos.

Por otra parte, existe una remesa de padres, que revelándose contra lo vivido en su infancia, deciden hacer todo lo contrario, y toman la dirección opuesta. Siendo totalmente permisivos y evitando a sus hijos cualquier contratiempo.

Cualquiera de estas dos opciones, es ineficaz. Ya que se tratan de los extremos, y como todo en esta vida, no hay que buscar ni el blanco ni el negro, sino aprovechar la inmensa gama de grises existentes.

Severidad, o el castigo y la amenaza como modus operandi.

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Los padres severos, entre los que me incluyo, a pesar de estar en proceso de aprendizaje, utilizan el castigo o la amenaza para conseguir que sus hijos se comporten como ellos quieren.

El castigo es posible que consiga que tu hij@ deje de hacer lo que no queríais que hiciera, pero a largo plazo no le da ningún aprendizaje, sino que causará en ellos alguna de estas reacciones:

  • Resentimiento: “Esto es injusto, no puedo confiar en los adultos”.
  • Revancha: “Ahora estas ganando, pero ya me tocará”.
  • Rebelión: “Voy a hacer justo lo contrario para de demostrar que no necesito hacerlo a tu manera”.
  • Retraimiento: “La próxima vez no me cogerá” DISIMULO, “Soy mala persona” BAJA AUTOESTIMA.

Permisividad, o vivir sin límites

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Los padres permisivos, que creen que la única manera de poner límites es mediante la severidad, como no están de acuerdo con esa manera de educar, deciden pasarse al otro extremo.

Educar a nuestros hijos sin ponerles límites y permitiendo y consintiendo todo lo que quieran, hará que se conviertan en niños mimados que creen que tienen derecho a cualquier cosa y en cualquier momento.

Unos niño carne de cañón del programa Hermano Mayor, ya que lo que cuando son pequeños es obtener cualquier juguete o capricho, como y cuando ellos quieran, cuando sean adolescentes y quieran dinero para cualquier capricho suyo, sino lo consiguen, como no han aprendido a respetar límites, no será una pataleta sinó una puerta rota a patadas lo que obtendrán sus padres.

El término medio

En definitiva, nuestros hijos pequeños, de igual manera que necesitan tener límites para que aprendan que el mundo no gira a su alrededor, intentar ponerle límites para todo, harán que crean que el mundo de los adultos no es justo.

Como saber donde se han de empezar a poner esos límites, pues siento no poder explicároslo, porque sigo en proceso de aprendizaje, pero como consejo o pequeña guía os dejo esta frase que parece un juego de palabras pero que tiene una gran profundidad.

Lo más importante en la vida, es que lo más importante sea lo más importante