Siempre desde el prisma del adulto

Hay que tener en cuenta que los malos comportamientos de nuestros hijos, los analizamos y juzgamos desde la visión del adulto todopoderoso.

Pues bien, ese comportamiento la mayor parte del tiempo es el que corresponde a su edad, pero el desconocimiento de la conducta humana y el desarrollo infantil, hace que conductas normales para la etapa en la que se encuentran nuestros hijos sean vistas como malas conductas.

Los niños menores de 4 años han de ser traviesos porque su cerebro no se ha desarrollado lo suficiente para saber que se espera de ellos.

Somos responsables del mal comportamiento

Muchas veces hemos escuchado la frase, y me incluyo porque la he manifestado muchísimas veces, se porta mal porque está cansado.

Y quien es el responsable de que el niño, haya llegado al punto de portarse mal, por hambre o cansancio, el niño o nosotros los adultos?

Muchas veces, cuando entramos en conflicto con nuestros hijos, como me dice mi mujer a veces, te estás poniendo a su altura, y entramos en un conflicto donde pedimos a nuestros hijos que aprendan a controlar su conducta, cuando nosotros no somos capaces de hacerlo.

Para empezar a buscar un cambio en el comportamiento de nuestros hijos, hemos de empezar a responsabilizarnos del nuestro y modificarlo para ayudar a crear las condiciones apropiadas.

Para comprender nuestra conducta y la de nuestros hijos, un buen comienzo es ponernos en la piel del niño, y así poder comprender las comportamientos fruto del desanimo.

Los 4 objetivos erróneos de la mala conducta

Los niños cuando se sienten desanimados, persiguen 4 objetivos erróneos, basados en creencias erróneas sobre como conseguir ser tenidos en cuenta e importantes.

Búsqueda de atención

La creencia del niño es que solo me tienen en cuenta cuando me prestan atención. Y cuando la buscan llamando la atención de manera desmesurada, aparecen comportamientos molestos en lugar de útiles.

La creencia equivocada de que solo les tienen en cuenta cuando son el centro de atención, se produce una persistencia en las conductas molestas.

Una pista para saber que la actitud de nuestro hijo, es una búsqueda de atención, podemos observar nuestra atención al comportamiento, en este caso nos sentiremos enfadados, irritados o culpables.

También podemos tomar como pista la reacción del niño cuando le pedimos de cese su comportamiento, en este caso interrumpirá la conducta por un rato, pero vuelve a reanudarla más tarde o empieza con otra para captar nuestra atención.

Búsqueda de poder

La creencia del niño es que solo me tienen en cuenta cuando no permito que me mandes o incluso cuando mando yo. Cuando buscan este objetivo, no están aprendiendo a utilizar su poder de forma útil.

Los padres, para evitar entrar en su lucha de poder, han de saber dar un paso al lado y de esta manera analizar la situación, así evitando entrar en un ciclo de venganza, por ambas partes. Al fin y al cabo, como vamos a pedir que se controlen si no somos capaces de hacerlo nosotros.

Si nuestros hijos quieren empezar la búsqueda poder, los padres nos sentiremos amenazados, desafiados o provocados.

Cuando les pedimos que cesen con la conducta, en estos casos, continuará con el mal comportamiento pudiendo llegar a desafiarnos verbalmente. Es habitual que el conflicto acabe en una lucha de poder entre padres e hijos.

Búsqueda de venganza

La creencia errónea que tiene el niño, es que como no me tienen en cuenta, me conseguiré vengar del daño que me han hecho.

Nuestro hijo puede tener la percepción que lo hemos herido a pesar de no ser esa nuestra intención. Lo que si hemos de entender es que el castigo en todas sus formas, no hace más que ayudar a perpetuar el ciclo de la venganza entre nosotros y nuestros hijos.

En el momento que nos sintamos heridos, decepcionados o indignados, la actitud de nuestro hijo estará buscando la venganza por el “daño” recibido.

Cuando les pedimos que dejen de comportarse mal, en este caso el niño hará algo destructivo y dirá algo hiriente, entrando en un un bucle de venganza sino somos nosotros quien dan damos un paso al lado.

Demostración de incapacidad

La creencia errónea del niño, es que es imposible que lo tengamos en cuenta, y por lo tanto creen realmente que no valen para nada.

En estos niños no valdrá con decirles que creen en sus capacidades, sino que como realmente creen que no pueden, tendremos que trabajar en la enseñanza de sus aptitudes.

Cuando tenemos ante nosotros un niño con esa creencia, los padre nos sentimos incapaces, impotentes o incluso inútiles.

Estos niños, en el momento que les pedimos que cesen con su actitud, se mostrarán pasivos, confiando que pronto abandonaremos nuestra petición y les dejaremos en paz.

El primer paso

Una vez hemos dado el siempre importantísimo primer paso, de descubrir cual es la creencia errónea que motiva el comportamiento inadecuado de nuestros hijos, viene la difícil tarea de ponernos nosotros manos a la obra, y ofrecerles lo que verdaderamente necesitan de nosotros en cada caso.

De eso hablaré la próxima semana, y recordar

Los niños que tienen una mala conducta, no son mal educados sino que están desanimados. Clic para tuitear