En cualquier circunstancia, en cualquier lugar y en cualquier momento, la única potestad de la que disponemos, sea cual sea la situación, es la manera en que nos tomamos lo que se nos presenta en nuestra vida.

Todos tenemos un superpoder

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Y esta potestad de la que disfrutamos, no es solo eso, sino que es prácticamente un súper poder, pero como ya decía Spiderman, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Nada ni nadie te puede hacer sufrir, si tú no lo permites y cedes ese poder a los demás.

Imagina una persona con la capacidad de no reaccionar ante ningún ataque verbal ni ante ningún intento de agresión no física. Alguien más parecido a un Jedi que a un ciudadano de a pie.

Pues me encanta decir, que ese ser casi místico, puedes ser tú, yo o cualquiera que se lo proponga.

Pero eso si, hay que proponérselo y hay que trabajar en ello.

Hay que pagar el precio

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Hay que estar dispuesto a pagar el precio necesario para alcanzar ese nivel de serenidad, porque es muchísimo más fácil y cómodo no responsabilizarse y culpar a los demás.

En un mundo donde impera la Ley de causa y efecto, todas las decisiones que tomamos son la causa de los resultados que obtenemos en nuestra vida. Clic para tuitear

Todas y cada una de ellas, pero el problema viene cuando el intervalo de tiempo entre la acción y la consecuencia, nos impide verlo. Si, si, habéis leído bien todo lo que os pasa es responsabilidad vuestra.

Pongamos un ejemplo para intentar dejarlos lo más claro posible, un hombre cruza el semáforo sin mirar y lo atropellan, de quien es la responsabilidad de que acabe en el hospital? Aquí parece claro no?

Vamos a complicarlo un poco, y vamos a demostrar la distorsión del tiempo en la Ley de causa y efecto.

Retrocedamos más de 10 años, en plena burbuja inmobiliaria, imaginemos a un joven que ante la explosión del ladrillo, y ante la suculenta idea de forrarse en la obra, decidió dejar los estudios para empezar a trabajar.

Tras un par de añitos y tras la explosión de la burbuja, las obras se empezaron a paralizar, la mano de obra que levantó todas las edificaciones, ya no era necesaria.

Paro, y a empezar a buscar otro puesto que nos satisfaga nuestras necesidades económicas, pero no las reales, sino las adquiridas durante nuestra etapa de bonanza.

Y después se acaba el paro, y aún no hemos encontrado un puesto de trabajo. Y ante la situación casi apocalíptica, ya que seguramente, tendremos que seguir pagando hipoteca y la letra del BMW, empezamos a buscar culpables.

Los políticos, los bancos, los empresarios, todos y cada uno de los actores sociales que se te ocurren son más responsables que tu, del rumbo que ha tomado tu vida.

Pero espera, aléjate un poco y mira el escenario con perspectiva, mira unos años atrás, en el momento que el dinero fue la brújula que guío tus decisiones, si hubiera seguido formándose, y se hubiera guiado por su pasión, en lugar de por el dinero, estaréis de acuerdo conmigo, que sus circunstancias, durante la crisis, hubieran sido otras.

Si tú, eres el responsable de el rumbo que tomas, a que esperas a ponerte manos a la obra y coges las riendas de tu  vida. Y has de empezar por algo tan sencillo pero a la vez tan difícil de llevar a cabo, ya que requiere trabajo diario y constante, cambia tu actitud.