En la publicación Búsqueda de la felicidad, os explicaba que uno de los detonantes que me hizo, cuestionarme y poner en duda varios aspectos de mi vida, fue la llegada de mis 2 hijos, Jon y Gala.

El maestro aparece cuando el alumno esta preparado Clic para tuitear

Un proverbio zen, dice que el maestro aparece cuando el alumno está preparado, pues en mi caso, la llegada de mis hijos fue así.

Recuerdo que un par de añitos antes de ponernos mi mujer y yo, a buscar a nuestro primer hijo, mi mujer creía que no estaba preparado para ello. Y he de reconocer que el tiempo le dio la razón.

El momento adecuado

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Aunque nunca se está preparado al cien por cien, cuando llegó el momento adecuado, vino a nuestras vidas Jon, un terremoto que hizo cambiar nuestras vidas.

Como queríamos tener 2 hijos y que no se llevaran mucho años de diferencia, antes de que Jon hiciera 14 meses, porque hasta los dos años, la edad de los niños se mide en meses, fuimos a buscar el segundo.

Y así, con Jon con apenas 22 meses, llegó Gala, quien teníamos la esperanza que no fuera tan movida, pero como la vida te da lo que necesitas aprender, Gala es un terremoto acompañado de tsunami.

Con la situación en casa, con dos desastres de la naturaleza dando guerra, sobrevivía como podía, aprendiendo a base de equivocarme, pero sin tiempo prácticamente para asimilar las enseñanzas.

De esta manera, cuando Gala ya tenía unos 18 meses y lo peor ya estaba pasando, llegó el bajón.

Las inseguridades hacen acto de presencia

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Cuando la situación estaba más controlada y podíamos tener momentos de más tranquilidad, empezaron a surgir las dudas e inseguridades.

Podré ser lo suficientemente buen padre, y por consiguiente podré ser lo suficientemente buen marido?

La inseguridades fueron haciéndose cada vez más grandes, y mi malestar aumenta al mismo ritmo, hasta llegar al punto, de tener pensamientos pseudo suicidas.

Nunca en la vida me hubiera quitado la vida, pero si que tenía pensamientos relacionados a si mi familia no estaría mejor y podría ser más feliz si yo no estuviera con ellos.

Ahora que lo veo con perspectiva, es increíble como el ego es capaz de hacerte pensar tales cosas con tal de no salir de la zona de confort.

De igual manera, que si hubiera sabido antes cual era mi eneatipo, el perfeccionista, hubiera sabido de donde venían esas inseguridades que me hacían sentir que no era lo suficientemente perfecto, ya fuera como padre o como marido.

Todo padre también es hijo

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Después de comprender que los demás no son más que meros espejos de lo que nosotros somos o nos gustaría ser, y entre los demás también están por supuesto nuestros hijos, pude entender que la paternidad te hace florecer tus traumitas de la infancia.

Antes de continuar quiero hacer una aclaración, para evitar que los más sensibles puedan sentirse ofendidos, en todo momento hablo de paternidad, porque soy un padre y estoy exponiendo mi experiencia, pero para las madres y la maternidad es tres cuartos de lo mismo.

Mi padre y mi madre al igual que yo, también han sido hijos, y también habrán vivido sus crisis existenciales, aunque ellos aún no han decidido afrontarlos y viven en la zona de confort, tengo la esperanza que algún día estén preparados para que aparezca su maestro y si puedo ser yo, sería todo un  orgullo.

Movidos por las creencias adquiridas a lo largo de su vida, y por la inexperiencia en la misma, ya que me tuvieron muy jóvenes, me criaron y educaron de la mejor manera que creyeron y pudieron.

Antes de continuar, y por si algún día lo leen, les estoy completamente agradecidos, ya que gracias a ellos, hoy en día tengo ciertos valores como el ser educado y honesto con los demás, que considero indispensables en esta mi nueva versión transcendida.

En mi seno familiar, mi madre no trabajaba fuera de casa y se dedicaba a cuidar de nosotros, mientras que mi padre era el sustento económico, dejando a mi madre como encargada de todas las tareas del hogar, vamos como muchas familias de la época.

Esto hacía que mi madre cuando se veía superada, decía la frase “como no …. verás cuando venga tu padre”, sin ser consciente de la imagen que se podía formar inconscientemente.

Podríamos decir que he recibido una educación estricta, con frases típicas como “aquí se hace lo que digo”, “si tus amigos se tiran por un puente tu también vas detrás”  y mi favorita “mientras vivas en esta casa harás lo que nosotros digamos”.

Esto que supuso en mi? Que a la que tuve “libertad” intenté ponerme al día de los años perdidos, con el consiguiente descontrol.

Este tipo de educación, en mi caso supuso que para mis adentros y estoy casi seguro que en algún arrebato contra mis padres, se lo solté con la intención de herir, tenía muy claro que no educaría nunca así a mis hijos.

De bruces con la realidad

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Y aquí es donde entra el conflicto existencial, cuando eres padre, como decían mis padres, comerás huevos, por cierto nunca le he encontrado sentido a la frase porque a mi me encantan los huevos de gallina.

Y cuando te sorprendes diciendo alguna de las frases que te decían tus padres o actuando de manera similar, consideras que te estás equivocando, que no quieres hacerlo así, y empiezas a fustigarte.

Cuando en realidad, nada es blanco ni negro, sino que tenemos una enorme variedad de grises, sumándole que nadie es perfecto, lo único que debemos hacer es aprender de los errores y disfrutar de cada uno de los momentos que nos brindan nuestros hijos, desde los momentos celestiales hasta los momentos infernales, que los hay.