Vivimos en una época, potenciado por la globalización y las redes sociales, donde parece que la queja y la crítica es el modus operandi para conseguir cambiar el mundo.

Un mundo donde está de moda el hater y el troll, gente que se escuda tras una cámara o un ordenador para diseccionar al resto de la sociedad, siempre buscando sacar el lado negativo y sin ningún interés constructivo.

El porque de este lado oscuro

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Esta negatividad exagerada, responde al nivel de víctimismo que sufre la mayor parte de la sociedad, y a la comodidad que supone excusarse en los demás de la mierda de vida que llevamos.

Los miedos a cuestionarse sus creencias, hace que este tipo de personas reaccionen de manera punitiva, ante cualquier opinión que no vaya en concordancia con sus ideas.

El sistema también influye y alimenta esta manera de actuar, solo hay que ver los medios de comunicación, con los telediarios que únicamente dan noticias negativas y las decenas de programas de debate, donde los tertulianos cuanto más encrespados parecen tener más razón.

O la clase política, que en lugar de remar todos en la misma dirección, para mejorar las condiciones de la sociedad, se dedican a buscar los puntos negros de los otros para echárselo en cara, y no siempre de manera educada, como se les supondría.

¿Qué hay detrás de esta negatividad?

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Como antes decía, este tipo de comportamiento lo que realmente deja ver, no es los defectos o errores de es personas criticadas, sino los miedos y complejos de las persona que critican.

Lo que dice Juan sobre Pedro, dice más de Juan que de Pedro Clic para tuitear

Estas personas, ante opiniones o argumentos que van en contra de sus creencias preestablecidas, en lugar de respetarlas e incluso, confrontarlas con las suyas, deciden reaccionar hacia esas persona atacándolas.

Mientras  esas opiniones o argumentos, sean expuestos desde el respeto, han de ser gestionadas desde el verdadero escepticismo.

Ser escéptico no significa prejuzgar de antemano lo que creemos erróneo, equivocado o contrario a nuestras creencias, sino que intentar entender los argumentos, y aunque, como la mayoría de las veces, continuemos encontrándolos erróneos, equivocados y contrarios a nuestras creencias, al habernos puesto en el lugar del otro, en lugar de reaccionar, expondremos nuestros argumentos de una manera empática.

Como dice la frase que se atribuye a Voltaire:

Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo Clic para tuitear