La humanidad brilla por su ausencia

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Vivimos en un mundo en el que el ser humano hace y deshace a su antojo, sin tener en cuenta las consecuencias que esto puede tener para el planeta.

No hay mas que ver el cambio climático, con la desertización y el ritmo al que se estan derritiendo los polos.

En nuestro enorme egocentrismo, hablamos de tomar medidas para salvar el planeta, cuando en realidad los que tenemos que salvarnos somos nosotros mismos, porque el planeta no es el que desparecerá si seguimos así, sino que seremos nosotros los que nos extingamos.

Vivimos en un mundo, donde más de 800 millones de personas pasan hambre, y no tienen ni acceso a agua potable.

Un mundo donde, por nuestra enorme prepotencia, no paran de extinguirse especies animales por todo el planeta.

Hasta el punto que, animales necesitan vigilancia 24 horas al día para evitar que acaben con ellos.

Un mundo, donde algo tan importante como es la alimentación, para los afortunados de vivir en el “primer mundo”, está totalmente capitalizado y priman los beneficios económicos de las empresas que la salud de las personas.

Un mundo donde se libran guerras, por puros intereses estratégicos y económicos.

Estamos a tiempo de cambiar

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A pesar de este escenario tan poco esperanzador e incluso algo catastrófico, evidentemente no todo está perdido.

Porque el mundo, no es más que un reflejo de la mayoría de las persona que lo forman.

Y para cambiar las cosas, no es necesario salir a quejarse y protestar, sino cambiar nuestra actitud y comportamiento.

Porque en cuanto, haya más gente que de que empiece a priorizar el bienestar por encima del bientener.

Cuando hayas más gente que, empiece pensar en como ayudar a los demás, por encima de como obtener beneficio propio sin importar el como.

Cuando la mayoría deje de vivir en el victimismo y empiece a responsabilizarse por el rumbo que lleva su vida.

Entonces, el mundo empezará a ser diferente